miércoles, 28 de abril de 2010

Violeta Pernice: un paseo con Penélope Glamour

Nota realizada por argentinaautoblog.blogspot.com

Nissan y la firma de lubricantes Total firmaron un acuerdo de recomendación en el Autódromo de Buenos Aires, mediante el cual todos los autos de la marca japonesa que se vendan en la Argentina van a recomendar el uso de los aceites y grasas de la petrolera francesa.

Podría haber sido una conferencia de prensa más, pero tuvo un condimento extra: dos vueltas al circuito número cinco en el asiento del acompañante de tres autos a elección. Había una flamante coupé Nissan 370Z, el Ford Mondeo de Top Race de Diego Aventín y un Alfa Romeo 156 de Top Race Junior.

Argentina Auto Blog eligió este último modelo por un motivo obvio: es el auto de Violeta Pernice, la única mujer que compite en esta categoría, donde debutó en mayo pasado con apenas 16 años en un auto pintado de rosa y con el número 15 (“la niña bonita”).

¿Cómo maneja Violeta? A continuación.

Violeta hizo una veloz carrera que ya incluyó incursiones en el karting, en la Fórmula Renault Plus y en la Fórmula Renault Metropolitana. El Top Race marcó su debut en los autos con techo: “Cuando me avisaron que me habían elegido estaba en el colegio. Me escapé de la clase y se me llenaron los ojos de lágrimas. No lo podía creer, era como que no sentía el piso, como que estaba en el aire", relató en su momento. "No pretendo ganar, pero sí quiero estar mezclada en el pelotón, y poder aprender".

No fue mucho lo que pude hablar con Violeta. Por señas, mientras dos colaboradores me ataban a un asiento de acompañante improvisado –con la batería entre las piernas y la cola casi apoyada sobre el eje trasero- la chica de rosa me dio la bienvenida, me contó que su mejor resultado en el año fue un séptimo puesto y me propuso con una sonrisa: “Si te sentís mal, tocame el brazo”.

Los Top Race Junior tienen 250 caballos de potencia y aceleran de 0 a 100 km/h en menos de seis segundos. La salida de boxes fue lenta, pero una vez en pista Violeta aceleró a fondo y ya no supe dónde poner los ojos: en las curvas que se venían encima, en la mano derecha de Violeta que pasaba los cambios a puñetazos, en sus pies que bailaban sobre los pedales o en esos ojos de adolescente no encajaban con todo lo demás.

Tal vez porque estaba haciendo una demostración o por herencia del karting, Violeta tiene la hermosa costumbre de encarar todas las curvas haciendo deslizar un poquito la cola del auto.

Al terminar la última curva, me preguntó por señas si me sentía bien. Al recibir el OK aceleró a fondo en la recta principal para pasar raspando por el paredón de boxes. Como en todo auto de carreras, las inercias que más sorprenden son las de las frenadas, antes que las curvas y las aceleraciones. Son tan bruscas que a veces se te cae la mandíbula y ya no encontrás motivos para cerrarla. Literalmente, es una experiencia que te deja con la boca abierta mientras dura.

Violeta hizo la segunda vuelta con una sonrisa en los labios. Por el casco no podía verle la boca, pero se le notaba en los ojos. Ahora cruzaba el auto a propósito en las curvas y aceleraba a fondo con un leve contravolante para demostrar todo lo que es capaz de hacer este Alfa.

Al llegar a boxes se lo dije de frente:
-¿Me parece a mí o si estuvieras en clasificación nunca manejarías así?
-Tenés razón, pero si hubiera manejado a ritmo de clasificación me habrías empezado a tocar el brazo después de las primeras tres curvas. Te perdoné la vida.

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